El cannabis se está legalizando cada vez más en distintas partes del mundo, lo que contribuye a normalizar su uso. Sin embargo, es importante recordar que lo legal no siempre es sinónimo de seguridad ni de ausencia de riesgos.
Sigue siendo una sustancia ampliamente utilizada, tanto con fines recreativos como terapéuticos. Con su legalización en varios países, su consumo ha aumentado y a menudo se percibe como inofensivo. No obstante, sus efectos sobre el corazón y el sistema cardiovascular son reales y merecen una mejor comprensión.
Utilizado desde hace milenios
El cannabis se ha utilizado durante siglos, incluso milenios. Inicialmente, su uso era principalmente medicinal, al que progresivamente se añadió un uso recreativo.
Hoy en día, a pesar de su legalización en varias regiones del mundo, sigue siendo la droga ilícita más consumida a nivel global.
Su evolución en Canadá
En Canadá, el cannabis fue prohibido a comienzos del siglo XX (1923), lo que puso fin progresivamente a su uso médico dentro de un marco legal.
El interés por sus aplicaciones terapéuticas resurgió en la década de 1980, especialmente en relación con indicaciones como el alivio del dolor crónico, las náuseas asociadas a tratamientos contra el cáncer y otras afecciones médicas.
En 2015, el Partido Liberal de Canadá fue elegido con el compromiso de legalizar el cannabis con fines recreativos. Esta medida se concretó el 17 de octubre de 2018, convirtiendo a Canadá en el segundo país del mundo, después de Uruguay, en legalizarlo a nivel nacional, y el de mayor tamaño en hacerlo.
¿De dónde provienen los efectos del cannabis?
El cuerpo humano produce de forma natural sustancias llamadas endocannabinoides, cuyo papel es similar al del cannabis.
Pueden compararse con pequeños mensajeros que circulan por el organismo transmitiendo señales. Para recibir estos mensajes, varios órganos disponen de receptores, que funcionan como cerraduras.
Cuando se consume cannabis, sus componentes pueden unirse a estos receptores, como una llave que encaja en una cerradura. Así es como puede influir en distintas funciones del organismo, especialmente en el corazón, el cerebro y el sistema nervioso.
El yin y el yang del cannabis
Dos de los principales componentes del cannabis pueden actuar de forma opuesta, de manera similar al yin y el yang. Las sustancias más activas son el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD).
Tetrahidrocannabinol (THC)
El THC es responsable de los principales efectos psicoactivos del cannabis. Actúa sobre diversas funciones cerebrales, como las emociones, la memoria, el apetito y la percepción.
Sus efectos pueden incluir:
- sensación de euforia
- alteraciones de la concentración y la memoria
- ansiedad, a veces importante
- aumento de la frecuencia cardíaca (taquicardia)
En algunos casos, especialmente a dosis elevadas o en personas sensibles, puede provocar episodios de desorganización mental e incluso síntomas psicóticos.
Cannabidiol (CBD)
Por el contrario, el CBD no presenta efectos psicoactivos significativos y suele asociarse con efectos más calmantes.
Se le atribuyen:
- propiedades ansiolíticas
- posibles efectos antipsicóticos
- propiedades antiinflamatorias y analgésicas
Su impacto sobre el corazón es más discreto, con una ligera disminución de la frecuencia cardíaca en algunos casos.
Diferentes variedades, diferentes concentraciones
Las distintas variedades contienen proporciones variables de THC y CBD. Los efectos dependen del equilibrio entre ambas sustancias, así como de la dosis, la forma de consumo y la sensibilidad de cada persona.
El efecto del cannabis fumado
El cannabis fumado actúa mucho más rápido que cuando se ingiere. Los efectos aparecen en pocos minutos tras la inhalación, mientras que pueden tardar entre 1 y 2 horas al consumirlo por vía oral.
Tras el consumo, suelen observarse varias fases:
- “buzz”: sensación de mareo o vértigo
- “high”: euforia y desinhibición
- estado “stone”: relajación y calma
- “come down”: retorno progresivo a la normalidad
La intensidad y duración varían según la persona.
Acción más lenta del cannabis ingerido
Para algunas personas, la ingestión de cannabis (alimentos, bebidas, productos comestibles) puede parecer una opción más «segura» que la inhalación. Sin embargo, independientemente de la forma utilizada, los efectos del cannabis sobre la salud cardiovascular siguen estando presentes.
Cuando el cannabis se ingiere, primero debe pasar por el sistema digestivo antes de llegar a la circulación sanguínea. Este proceso es más lento que el de la inhalación.
Así, los efectos pueden aparecer después de 1 a 2 horas, en comparación con solo unos minutos cuando se inhala.
Este retraso puede convertirse en una trampa: al no percibir rápidamente los efectos, una persona puede sentirse tentada a consumir más. Cuando finalmente aparecen, la cantidad ingerida puede ser demasiado elevada, lo que puede provocar una sobredosis y efectos indeseables a veces importantes.
Eliminación en el organismo
El cannabis se elimina progresivamente del organismo. Una parte se excreta por la orina y otra por las heces.
Para comprender mejor la velocidad a la que desaparece, se utiliza con frecuencia la noción de «vida media». Se trata del tiempo necesario para que la cantidad de sustancia en el cuerpo se reduzca a la mitad.
En el caso del cannabis, esta noción es particular. El THC, principal componente activo, tiende a almacenarse en los tejidos grasos, donde puede liberarse lentamente con el tiempo.
Se estima que se requieren aproximadamente entre 20 y 30 horas para que la cantidad presente en el cuerpo se reduzca a la mitad. Sin embargo, dado que una parte se almacena y luego se libera progresivamente, pueden persistir rastros durante varios días, o incluso más tiempo en los consumidores habituales.
El efecto del humo del cannabis sobre el sistema cardiovascular
Hasta la fecha, no se ha atribuido ninguna muerte a una sobredosis directa de cannabis. Sin embargo, esto no significa que su consumo esté exento de riesgos, especialmente para el sistema cardiovascular.
Los efectos del cannabis inhalado sobre la salud cardiovascular pueden dividirse en dos aspectos.
El primero está relacionado con la combustión. Los efectos del humo del cannabis son, en muchos aspectos, comparables a los del humo del tabaco. Conviene recordar que, en el caso del tabaco, la dependencia está relacionada con la nicotina, pero son principalmente los productos de la combustión los que causan el daño.
El humo del cannabis contiene varias sustancias nocivas, entre ellas:
- alquitrán
- monóxido de carbono
- diversos compuestos cancerígenos
Algunos estudios sugieren que el humo del cannabis puede contener concentraciones elevadas de estas sustancias, a veces superiores a las presentes en el humo del tabaco. Además, la ausencia de filtro y la tendencia a inhalar profundamente y retener el humo aumentan la exposición de los pulmones a estos productos tóxicos.
La temperatura de combustión más elevada del cannabis también puede irritar en mayor medida las vías respiratorias, contribuyendo a una inflamación local.
L’impact du cannabis lui-même sur le système cardiovasculaire
El cannabis actúa principalmente sobre el sistema nervioso, pero sus efectos se reflejan directamente en el corazón y la circulación.
Uno de los efectos mejor documentados del THC es el aumento del trabajo cardíaco, que se traduce en una elevación de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
Aumento del trabajo cardíaco
Después del consumo, el THC generalmente provoca:
- un aumento de la frecuencia cardíaca (en promedio, de aproximadamente 10 a 20 latidos por minuto)
- una elevación de la presión arterial sistólica (alrededor de 5 a 10 mmHg)
En algunos casos, especialmente al estar de pie o en ciertas personas, puede producirse una disminución de la presión arterial, lo que provoca mareos, e incluso un síncope de origen vasovagal u ortostático.
Para leer: Síncope
Estas manifestaciones suelen ser transitorias, pero pueden acompañarse de un aumento en la demanda de oxígeno del corazón. Esta situación puede volverse problemática en presencia de una enfermedad cardiovascular subyacente.
¿Cuáles son los riesgos potenciales?
En una persona sana, estos efectos suelen ser bien tolerados. Sin embargo, ciertas situaciones pueden implicar riesgos:
- palpitaciones o trastornos del ritmo (arritmias)
- aumento del riesgo de infarto, especialmente en la hora siguiente al consumo
- agravamiento de una angina (dolor en el pecho)
- posible interacción con ciertos medicamentos
El riesgo varía según varios factores: la dosis, la concentración de THC, la forma de consumo (fumado, vaporizado o ingerido) y la sensibilidad individual.
Consecuencias sobre los eventos cardiovasculares
Algunos estudios han demostrado que el riesgo de eventos cardíacos, en particular el infarto, puede multiplicarse aproximadamente entre 4 y 5 veces en la hora siguiente al consumo de cannabis, especialmente cuando se inhala.
A modo de comparación:
- un episodio de ira intensa puede multiplicar este riesgo por aproximadamente 2 a 3
- el consumo de cocaína puede aumentarlo de manera mucho más importante, hasta 20 veces o más
En los consumidores habituales, el riesgo absoluto adicional sigue siendo relativamente bajo, pero se suma a los factores de riesgo ya presentes. Puede compararse con «echar leña al fuego».
Cannabis y enfermedades cardiovasculares
En las personas con enfermedad cardíaca o factores de riesgo (hipertensión, diabetes, colesterol elevado), se recomienda prudencia.
El cannabis puede:
- aumentar la demanda de oxígeno del corazón
- alterar el ritmo cardíaco
- agravar síntomas existentes
En estas situaciones, es preferible comentarlo con un profesional de la salud.
Consumo en presencia de antecedentes cardiovasculares
En las personas que ya han presentado un evento cardiovascular —como una angina inestable o un infarto—, el consumo de cannabis se asocia con un mayor riesgo de complicaciones.
Algunos estudios sugieren que, en estos individuos, el consumo regular de cannabis podría estar relacionado con un aumento del riesgo de mortalidad en los años posteriores al evento inicial. Este riesgo parece variar según la frecuencia de consumo, pero los datos siguen siendo variables y deben interpretarse con prudencia.
De forma general, el consumo de cannabis puede:
- aumentar el trabajo del corazón
- favorecer ciertos trastornos del ritmo
- aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares
Además, también se ha descrito una asociación entre el consumo de cannabis y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular (ACV), aunque, una vez más, los datos aún están en evolución.
Un cannabis cada vez más concentrado en THC
Con el paso de los años, el contenido de THC en los productos de cannabis ha aumentado de forma importante. Mientras que en la década de 1980 se situaba alrededor del 2 al 4 %, ya alcanzaba aproximadamente entre el 10 y el 15 % a comienzos de la década de 2010. Hoy en día, algunas preparaciones pueden contener concentraciones aún más elevadas.
Este aumento suele ir acompañado de un desequilibrio con el cannabidiol (CBD), cuya proporción tiende a disminuir. Esta mayor proporción de THC puede provocar efectos más marcados, tanto a nivel neurológico como cardiovascular.
Posibles interacciones con los medicamentos
El cannabis también puede interactuar con algunos medicamentos prescritos. Puede modificar su eficacia al aumentar o disminuir sus efectos.
Estas interacciones afectan especialmente a medicamentos que actúan sobre el corazón, la presión arterial o el sistema nervioso. Por ello, es necesaria una vigilancia particular, sobre todo en presencia de una enfermedad crónica.
Un campo en evolución
Con la regulación del cannabis y el aumento de su uso, los conocimientos sobre sus efectos continúan avanzando.
Nuevos estudios permitirán comprender mejor sus efectos a largo plazo, en particular sobre el sistema cardiovascular, según las diferentes formas de consumo.
Legal no significa sin riesgo
En este contexto, la prudencia sigue siendo esencial. El hecho de que el cannabis esté autorizado no significa que sea seguro ni que esté libre de riesgos.
En las personas con antecedentes cardíacos o factores de riesgo (hipertensión, diabetes, colesterol elevado), generalmente se recomienda actuar con cautela, reducir el consumo o incluso abstenerse.
Una conversación con un profesional de la salud permite evaluar el riesgo individual y adaptar las recomendaciones.
En conclusión
El cannabis es hoy en día ampliamente accesible y cada vez más utilizado. Sus efectos a menudo se perciben como inofensivos, pero pueden tener repercusiones reales sobre el corazón y el sistema cardiovascular.
Aunque los riesgos varían de una persona a otra, no deben subestimarse, especialmente en presencia de factores de riesgo o enfermedad cardíaca.
Un consumo informado, prudente y adaptado a la condición de cada persona sigue siendo esencial.








