Vértigo o mareo: ¿puede ser el corazón?

Las sensaciones descritas como vértigo o mareo se encuentran entre los motivos de consulta más frecuentes, tanto en medicina familiar como en cardiología.

Aunque a menudo se atribuyen al corazón, no siempre es así. Existen muchas otras posibles causas.

El primer paso consiste, por lo tanto, en comprender bien lo que siente la persona. La naturaleza de los síntomas permite a menudo orientar rápidamente hacia las posibles causas.

Vértigo o mareo: no son lo mismo

En la vida cotidiana, las palabras vértigo y mareo se utilizan a menudo como si fueran sinónimos.

Sin embargo, describen sensaciones muy diferentes y no tienen las mismas causas.

El verdadero vértigo

El verdadero vértigo produce la impresión de que la habitación gira alrededor de uno o de que uno mismo está girando.

También puede acompañarse de una sensación de pérdida del equilibrio.

Las personas que presentan un verdadero vértigo suelen describir:

  • una sensación de rotación;
  • náuseas;
  • vómitos;
  • dificultad para caminar;
  • un empeoramiento de los síntomas con los movimientos de la cabeza.

 

El verdadero vértigo es habitualmente causado por un problema del oído interno o del sistema del equilibrio. Rara vez está relacionado con una enfermedad del corazón.

El mareo

El mareo corresponde a una sensación muy diferente.

Las personas suelen describir:

  • sensación de cabeza ligera;
  • sensación de debilidad;
  • oscurecimiento de la visión;
  • sensación de estar flotando;
  • la impresión de que podrían perder el conocimiento.

 

Este tipo de síntoma suele aparecer cuando el flujo de sangre hacia el cerebro disminuye temporalmente.

En algunos casos, una enfermedad cardiovascular puede ser la causa, pero también existen muchas otras posibles explicaciones.

Un síntoma que a veces es difícil de describir

No siempre es fácil expresar con palabras lo que se siente.

La palabra «mareo» no siempre describe la misma sensación. Algunas personas sienten que la habitación gira. Otras experimentan más bien una sensación de cabeza ligera, pérdida del equilibrio, debilidad repentina o la impresión de estar a punto de perder el conocimiento.

En ocasiones, la consulta también se debe a un «malestar». Sin embargo, este término es muy general y puede abarcar situaciones muy diversas. Por ello, el profesional de la salud pedirá que se describa con la mayor precisión posible lo que se ha sentido.

¿Por qué reacciona así el cerebro?

El cerebro es un órgano muy sensible. Para funcionar normalmente, necesita recibir de manera continua una cantidad suficiente de sangre.

Cuando este flujo disminuye, incluso durante unos pocos segundos, pueden aparecer diferentes síntomas.

Las personas pueden presentar:

  • mareos;
  • visión borrosa o que se oscurece;
  • sensación de debilidad;
  • sudoración;
  • en algunos casos, pérdida del conocimiento (síncope).

¿Cómo aborda este síntoma el profesional de la salud?

En lugar de buscar inmediatamente una enfermedad específica, el profesional de la salud intenta primero identificar a qué gran categoría pertenecen los síntomas.

Las respuestas a sus preguntas, la forma en que se manifiestan los síntomas y las circunstancias en las que aparecen permiten a menudo orientar rápidamente la evaluación.

En general, las principales causas pueden agruparse en tres grandes categorías.

1. Trastornos del oído interno

Cuando una persona describe la sensación de que la habitación gira a su alrededor o de que ella misma está girando, el profesional de la salud piensa primero en un trastorno del oído interno o del sistema del equilibrio.

Este tipo de vértigo suele acompañarse de náuseas, vómitos y un empeoramiento de los síntomas con los movimientos de la cabeza.

Los trastornos del oído interno representan una de las causas más frecuentes del verdadero vértigo.

2. Disminución del flujo de sangre hacia el cerebro

Cuando una persona describe una sensación de cabeza ligera, visión que se oscurece, debilidad o la impresión de que podría perder el conocimiento, el profesional de la salud busca primero una causa que pueda disminuir temporalmente el flujo de sangre hacia el cerebro.

Las principales causas son:

  • una disminución de la presión arterial;
  • un ritmo cardíaco demasiado lento (bradicardia);
  • un ritmo cardíaco demasiado rápido (algunas taquicardias);
  • una enfermedad importante de las válvulas cardíacas;
  • una disminución importante de la función de bombeo del corazón.

 

Dependiendo de la causa, estos síntomas pueden, en algunos casos, evolucionar hacia una pérdida del conocimiento (síncope).

Para leer: El síncope o la pérdida del conocimiento

¿Por qué me mareo cuando me levanto?

Los mareos que aparecen al ponerse de pie suelen deberse a una disminución temporal de la presión arterial. Este fenómeno, llamado hipotensión ortostática, se produce cuando el organismo tarda en adaptarse al cambio de posición.

Los síntomas suelen desaparecer en pocos segundos, una vez que se restablece el flujo de sangre hacia el cerebro.

Este problema es más frecuente en las personas mayores, en quienes están deshidratados y en quienes toman ciertos medicamentos, especialmente los utilizados para tratar la hipertensión arterial o favorecer la eliminación de líquidos (diuréticos).

Si los síntomas son frecuentes, empeoran o se acompañan de una pérdida del conocimiento, se recomienda una evaluación médica.

3. Otras causas posibles

Cuando los síntomas no corresponden ni a un verdadero vértigo ni a una disminución del flujo de sangre hacia el cerebro, el profesional de la salud considera otras posibilidades.

Entre las causas más frecuentes se encuentran:

  • ciertos medicamentos;
  • la deshidratación;
  • una disminución del nivel de azúcar en la sangre (hipoglucemia);
  • la anemia;
  • algunas infecciones;
  • la migraña vestibular;
  • ciertos trastornos neurológicos;
  • la ansiedad o la hiperventilación.

 

Según la situación, los antecedentes clínicos, el examen físico y algunas pruebas complementarias permitirán precisar la causa.

¿Cómo ayudar al profesional de la salud?

Los mareos suelen ser de corta duración y pueden haber desaparecido en el momento de la consulta. Por ello, las observaciones realizadas por el paciente pueden aportar información muy útil para orientar la evaluación.

El objetivo no es hacer un diagnóstico por cuenta propia, sino recopilar información que ayude al profesional de la salud a comprender mejor lo ocurrido. De esta manera, podrá establecer el diagnóstico más preciso posible.

-Verificar el pulso

Si los síntomas duran lo suficiente, puede ser útil tomarse unos segundos para verificar el pulso.

Es importante determinar si es:

  • muy lento;
  • muy rápido;
  • regular;
  • irregular.

 

Un pulso muy lento puede orientar hacia una bradicardia. Por el contrario, un pulso muy rápido puede sugerir una taquicardia. Por último, un pulso completamente irregular puede hacer pensar en una fibrilación auricular.

Para leer: El pulso

-Medir la presión arterial

Cuando se dispone de un tensiómetro en casa, una medición realizada durante los síntomas o inmediatamente después puede proporcionar información valiosa.

Una presión arterial baja puede explicar los mareos, especialmente cuando aparecen al ponerse de pie, después de permanecer de pie durante mucho tiempo o en presencia de deshidratación.

Por el contrario, una presión arterial normal hace que la hipotensión sea mucho menos probable y permite a menudo orientar la evaluación hacia otras causas. Sin embargo, no excluye por completo una enfermedad cardíaca.

Actualmente, varios relojes inteligentes y dispositivos conectados también pueden proporcionar información útil. Algunos permiten detectar una frecuencia cardíaca anormalmente lenta o rápida, mientras que otros pueden señalar un ritmo irregular compatible con una fibrilación auricular. Aunque no sustituyen una evaluación médica, estos datos pueden contribuir a orientar el diagnóstico.

-Una descripción precisa de los síntomas

Es preferible evitar decir simplemente: «Estoy mareado.»

Una descripción precisa de lo que se siente es mucho más útil, por ejemplo:

  • «La habitación gira a mi alrededor.»
  • «Siento que voy a perder el conocimiento.»
  • «La visión se me oscurece durante unos segundos.»
  • «Pierdo el equilibrio.»
  • «De repente me siento muy débil.»

 

Una descripción precisa de los síntomas suele ser más útil que utilizar únicamente el término «mareo» para orientar el diagnóstico.

- Las circunstancias en las que aparecen los síntomas

Las circunstancias en las que aparecen los síntomas suelen ser tan importantes como los propios síntomas.

Es útil preguntarse si aparecen:

  • al ponerse de pie;
  • después de permanecer de pie durante mucho tiempo;
  • durante un esfuerzo;
  • después de una comida;
  • durante una emoción intensa;
  • después de un acceso de tos;
  • al orinar;
  • al realizar un movimiento rápido de la cabeza o al darse vuelta en la cama.

 

Las respuestas a estas preguntas permiten a menudo orientar rápidamente el diagnóstico.

- La duración de los síntomas

La duración de los síntomas también constituye una información importante. Unos pocos segundos, varios minutos o varias horas pueden orientar hacia causas diferentes.

Cuando los episodios se repiten, es útil anotar su frecuencia, duración y las circunstancias en las que aparecen. Esta información puede ser muy útil durante la evaluación médica.

El conjunto de las observaciones orienta el diagnóstico

En muchos casos, la información recopilada por el paciente, combinada con las preguntas y el examen físico realizados por el profesional de la salud, permite orientar considerablemente el diagnóstico.

Cuando el pulso es normal, la presión arterial es adecuada durante el episodio y el examen del corazón no revela ningún soplo importante ni signos de insuficiencia cardíaca, una causa cardíaca se vuelve mucho menos probable.

El profesional de la salud orientará entonces la evaluación hacia otras posibles causas, en ocasiones con la colaboración de otro especialista.

Es importante comprender que una consulta en cardiología no significa necesariamente que el corazón sea responsable de los síntomas. El papel del cardiólogo también consiste en determinar si el corazón puede descartarse como causa de los mareos.

Este proceso es igualmente importante, ya que permite orientar al paciente hacia la especialidad más apropiada o sugerir al médico tratante otras posibilidades diagnósticas, evitando al mismo tiempo exámenes cardíacos innecesarios.

¿Qué exámenes pueden ser necesarios?

Según los síntomas, las circunstancias en las que aparecen y los resultados del examen físico, el profesional de la salud podrá recomendar uno o varios de los siguientes exámenes:

  • un electrocardiograma (ECG);
  • una medición de la presión arterial acostado y luego de pie, con algunos minutos de intervalo;
  • análisis de sangre;
  • un monitoreo cardíaco (Holter o monitoreo prolongado);
  • una ecocardiografía;
  • una prueba de esfuerzo en cinta caminadora.

 

La elección de los exámenes depende de los antecedentes clínicos y de las posibles causas consideradas durante la evaluación. Por lo tanto, no es necesario realizar todos estos exámenes en una misma persona.

¿Cuándo se debe consultar rápidamente?

Se recomienda una evaluación médica rápida cuando los síntomas se acompañan de:

  • pérdida del conocimiento;
  • dolor en el pecho;
  • dificultad importante para respirar;
  • palpitaciones prolongadas;
  • debilidad en un brazo o una pierna;
  • dificultad para hablar;
  • visión doble;
  • síntomas que aparecen durante un esfuerzo;
  • traumatismo después de una caída.

Para recordar

El vértigo y los mareos son síntomas frecuentes que pueden tener numerosas causas. Aproximadamente entre el 20 y el 30 % de los adultos presentarán al menos un episodio de verdadero vértigo a lo largo de su vida.

El verdadero vértigo suele estar relacionado con un trastorno del oído interno, mientras que el mareo se asocia a menudo con una disminución temporal del flujo de sangre hacia el cerebro o con otros problemas de salud.

Una descripción precisa de los síntomas, de su duración y de las circunstancias en las que aparecen, junto con observaciones sencillas como la medición del pulso o de la presión arterial, permite a menudo orientar rápidamente el diagnóstico.

El objetivo no es hacer un diagnóstico por cuenta propia, sino recopilar información que ayude al profesional de la salud a comprender mejor lo ocurrido. De esta manera, podrá establecer el diagnóstico más preciso posible.