Pericarditis aguda – Generalidades

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La pericarditis aguda corresponde a una inflamación de la membrana que rodea al corazón, llamada pericardio.

Esta estructura forma una fina bolsa cerrada en cuyo interior se encuentra el corazón.

Para leer: El pericardio

El corazón dentro de una envoltura lubricada

El corazón está en movimiento constante. Con cada latido, se contrae y se relaja decenas de miles de veces al día.

Sin protección, estos movimientos repetidos podrían provocar fricción, de forma similar a cuando se frotan las manos entre sí, lo que genera calor y, con el tiempo, irritación.

Afortunadamente, el pericardio contiene una pequeña cantidad de líquido que actúa como lubricante, de manera similar a lo que ocurre en una articulación.

Este líquido permite que el corazón se deslice libremente dentro de esta envoltura, evitando así cualquier fricción.

Tres formas de pericarditis

Se distinguen principalmente tres formas de pericarditis:

  • pericarditis aguda;
  • pericarditis recurrente;
  • pericarditis crónica, también llamada en ocasiones pericarditis constrictiva.

Afectación combinada del músculo cardíaco

En ocasiones se utilizan los términos miopericarditis o perimiocarditis cuando existe inflamación tanto del pericardio como del músculo cardíaco.

La afectación del músculo cardíaco suele requerir una vigilancia más estrecha y un período de recuperación más prolongado.

Las troponinas, marcadores sanguíneos del músculo cardíaco, permiten poner de manifiesto esta afectación combinada.

Causas de la pericarditis aguda

Diversas situaciones pueden provocar una pericarditis aguda:

  • infecciones virales (la causa más frecuente);
  • infecciones bacterianas;
  • después de un infarto de miocardio (pericarditis postinfarto);
  • después de una cirugía cardíaca (síndrome pospericardiotomía);
  • después de una cirugía torácica;
  • después de un tratamiento de arritmias mediante catéter (ablación por catéter);
  • asociada a insuficiencia renal (pericarditis urémica);
  • después de radioterapia (pericarditis inducida por radiación);
  • enfermedades inflamatorias como:
    • artritis reumatoide;
    • esclerodermia;
    • lupus eritematoso;
  • infecciones graves como el VIH o la tuberculosis;
  • ciertos medicamentos que pueden afectar al sistema inmunitario.

 

Sin embargo, es importante tener presente que, a pesar de una evaluación completa, en ocasiones no se logra identificar una causa específica. En estos casos se habla de pericarditis idiopática, una situación relativamente frecuente que suele atribuirse a una infección viral que pasó desapercibida.

Causas de la pericarditis crónica (constrictiva)

La forma crónica es menos frecuente y generalmente se desarrolla con el tiempo cuando la inflamación persiste o reaparece en repetidas ocasiones.

Puede estar relacionada con:

  • episodios repetidos de pericarditis aguda;
  • ciertas infecciones, especialmente la tuberculosis;
  • una enfermedad inflamatoria asociada;
  • determinadas intervenciones cardíacas o torácicas;
  • ciertos tratamientos con radioterapia.

En esta forma, el pericardio se vuelve más grueso y rígido, lo que puede limitar la expansión normal del corazón y afectar su funcionamiento.

Esta restricción del corazón provoca una acumulación de sangre en los órganos abdominales, especialmente en el hígado, así como en el sistema venoso. Es frecuente observar hinchazón del abdomen y de las piernas.

Para leer: Pericarditis constrictiva

Síntomas

Las manifestaciones de la pericarditis pueden variar según su forma y su causa.

Sin embargo, el dolor torácico sigue siendo el signo más frecuente. Suele describirse como un dolor intenso, a veces comparable a una puñalada, y presenta ciertas características que pueden orientar el diagnóstico:

  • se intensifica al respirar profundamente;
  • empeora al acostarse boca arriba;
  • mejora al sentarse o inclinarse hacia adelante.

 

Su intensidad puede ser impresionante y especialmente preocupante. No es raro que lleve a una persona a consultar rápidamente por temor a padecer un problema cardíaco grave.

En algunas personas, el dolor también puede irradiarse hacia el cuello, los hombros, la espalda o la región del trapecio, una característica relativamente típica de la pericarditis.

A diferencia de la angina de pecho, que suele aparecer con el esfuerzo y desaparecer con el reposo, el dolor relacionado con la pericarditis suele ser más constante y varía más en función de la posición del cuerpo y de los movimientos respiratorios.

A diferencia de la angina de pecho, que suele aparecer con el esfuerzo y desaparecer con el reposo, el dolor relacionado con la pericarditis suele ser más constante y varía más en función de la posición del cuerpo y de los movimientos respiratorios.

También pueden presentarse otras manifestaciones:

  • fiebre;
  • fatiga;
  • falta de aire o dificultad para respirar profundamente debido al dolor.

Un sonido particular al auscultar el corazón

Durante el examen físico, el profesional de la salud puede escuchar en ocasiones un sonido característico denominado roce pericárdico. Este hallazgo es relativamente poco frecuente y se presenta en menos de uno de cada tres casos.

Está directamente relacionado con el movimiento del corazón. Como se mencionó anteriormente, el pericardio contiene normalmente una pequeña cantidad de líquido que actúa como lubricante.

Gracias a este líquido, las dos capas del pericardio se deslizan suavemente una sobre otra, haciendo que este movimiento sea completamente silencioso.

Cuando el pericardio se inflama, este deslizamiento deja de ser tan fluido. Las superficies se vuelven más rugosas y rozan entre sí con cada latido cardíaco.

Es este roce el que el médico puede escuchar con el estetoscopio.

El sonido suele describirse como un ruido áspero, comparable al roce de dos piezas de poliestireno expandido (Styrofoam) o de dos superficies secas deslizándose una sobre la otra.

Exámenes que pueden ser útiles

El profesional de la salud puede sospechar una pericarditis simplemente a partir de la descripción del dolor y de los síntomas referidos por el paciente.

Posteriormente, algunos exámenes pueden respaldar esta impresión clínica y ayudar a confirmar el diagnóstico:

  • Electrocardiograma (ECG), que puede mostrar cambios característicos de la inflamación del pericardio;
  • Análisis de sangre, que permiten detectar la presencia de una inflamación importante en el organismo;
  • Troponina, un marcador sanguíneo del músculo cardíaco;
  • Ecocardiografía, que permite buscar la presencia de un derrame pericárdico, es decir, una acumulación de líquido alrededor del corazón.

 

Con menor frecuencia, puede solicitarse una resonancia magnética cardíaca (RM cardíaca). Este examen permite visualizar con precisión la inflamación del pericardio y, si es necesario, determinar si el músculo cardíaco también está afectado.

Tratamiento

La pericarditis aguda generalmente evoluciona de manera favorable.

En la mayoría de los casos, se resuelve en pocas semanas gracias a un tratamiento destinado a reducir la inflamación del pericardio y aliviar el dolor.

La pericarditis aguda generalmente evoluciona de manera favorable.

En la mayoría de los casos, se resuelve en pocas semanas gracias a un tratamiento destinado a reducir la inflamación del pericardio y aliviar el dolor.

El tratamiento se basa principalmente en:

  • medicamentos antiinflamatorios prescritos durante un período que generalmente varía entre 3 y 8 semanas, como el naproxeno o el ibuprofeno;
  • la adición frecuente de colchicina, un medicamento antiinflamatorio utilizado desde la Antigüedad y que todavía se emplea hoy en día para tratar la gota. Su uso ayuda a reducir el riesgo de recurrencia;
  • acetaminofén (paracetamol) según sea necesario para aliviar el dolor. Puede utilizarse junto con los demás medicamentos prescritos;
  • en determinadas situaciones, pueden ser necesarios otros medicamentos según la evolución de la enfermedad y la causa subyacente.

- Atención a la suspensión prematura del tratamiento

No es raro que algunos pacientes interrumpan el tratamiento tan pronto como desaparece por completo el dolor torácico.

Aunque esta decisión pueda parecer lógica, constituye un error frecuente. Incluso cuando los síntomas han desaparecido, la inflamación puede persistir y no haberse resuelto completamente.

Por lo tanto, el objetivo del tratamiento no es únicamente hacer desaparecer el dolor, sino también lograr la resolución completa de la inflamación.

Por esta razón, es importante seguir el tratamiento hasta el final, exactamente como fue prescrito por el profesional de la salud. Suspenderlo de manera prematura aumenta el riesgo de recurrencia.

- El reposo forma parte del tratamiento

El reposo constituye un componente importante del tratamiento de la pericarditis.

Durante la fase aguda, se recomienda evitar las actividades físicas intensas para permitir que el corazón y la membrana que lo rodea se recuperen adecuadamente.

Caminar y realizar actividades ligeras suele estar permitido según los síntomas y las recomendaciones del profesional de la salud.

Los atletas y las personas que practican deportes intensos generalmente deben suspender sus entrenamientos y competiciones durante un período determinado. La reanudación de las actividades se realiza posteriormente de manera gradual.

Cuando la pericarditis se acompaña de inflamación del músculo cardíaco (miocarditis o miopericarditis), el período de reposo suele ser más prolongado y las restricciones de actividad son más importantes.

- Los antibióticos rara vez son necesarios

Los antibióticos generalmente no son útiles, ya que la mayoría de las pericarditis son causadas por virus y no por bacterias.

Dependiendo de la causa identificada y de la evolución de la enfermedad, en ocasiones pueden ser necesarios otros tratamientos, aunque estas situaciones siguen siendo relativamente poco frecuentes.

- La cortisona: un tratamiento reservado para situaciones específicas

Los corticosteroides, comúnmente llamados cortisona, generalmente no se utilizan como tratamiento de primera línea.

Aunque pueden ser útiles en determinadas situaciones particulares, su uso se asocia con un mayor riesgo de recurrencia y, por lo tanto, se reserva para casos seleccionados.

Derrame pericárdico

El derrame pericárdico corresponde a una acumulación anormal de líquido entre las dos capas del pericardio.

Cuando el pericardio está inflamado, puede producir una mayor cantidad de líquido. Este fenómeno puede compararse con lo que ocurre en una articulación irritada, como una rodilla que se hincha a causa de la inflamación.

En la mayoría de los casos, el derrame es pequeño y no causa problemas importantes. Cuando se desarrolla lentamente, el pericardio suele tener tiempo suficiente para adaptarse mediante una distensión progresiva.

La situación es diferente cuando la acumulación es importante o se produce rápidamente. El líquido puede entonces ejercer presión sobre el corazón y dificultar su llenado normal.

En los casos más graves, puede aparecer una complicación denominada taponamiento cardíaco. El corazón queda comprimido dentro de su propia envoltura y ya no puede bombear sangre de manera eficaz al organismo.

El taponamiento cardíaco constituye una urgencia médica que generalmente requiere un drenaje rápido del líquido mediante una aguja o un catéter introducido en el espacio pericárdico.

Afortunadamente, esta complicación es poco frecuente. Sin embargo, ayuda a comprender por qué el seguimiento médico y los exámenes de control son a veces necesarios después del diagnóstico de una pericarditis.

El papel del ecocardiograma

El ecocardiograma es una prueba importante en la evaluación y el seguimiento de la pericarditis.

Permite visualizar el corazón y el espacio que lo rodea en tiempo real, especialmente para detectar la presencia de líquido alrededor del corazón (derrame pericárdico).

Es importante comprender que un ecocardiograma puede ser completamente normal en el momento del diagnóstico.

De hecho, este examen por sí solo no permite confirmar ni descartar una pericarditis. El diagnóstico se basa principalmente en la descripción de los síntomas, el examen físico y otras pruebas complementarias.

El ecocardiograma desempeña sobre todo una función de vigilancia.

Permite verificar la presencia de líquido alrededor del corazón, evaluar su magnitud y seguir su evolución a lo largo del tiempo.

Evolución y seguimiento

seguimiento médico sigue siendo importante.

Este seguimiento permite asegurarse de:

  • la desaparición de la inflamación;
  • la ausencia de complicaciones;
  • la buena tolerancia a los medicamentos prescritos;
  • la evolución de un posible derrame pericárdico;
  • detectar rápidamente una recurrencia si esta se presenta.

Algunas personas pueden experimentar la reaparición de los síntomas o episodios repetidos de pericarditis durante los meses posteriores al diagnóstico inicial.

Afortunadamente, en la gran mayoría de los casos, la evolución es favorable y la recuperación es completa.

¿Cuándo volver a consultar?

Aunque la mayoría de las pericarditis se curan con un tratamiento relativamente sencillo, es importante volver a consultar si los síntomas persisten, reaparecen o empeoran.

La aparición de un nuevo dolor torácico, un empeoramiento de la falta de aire o un deterioro del estado general también deben motivar una nueva evaluación médica.

Esta consulta permitirá verificar que la evolución sea normal y, si es necesario, ajustar el tratamiento o la frecuencia de las visitas de seguimiento.

En resumen

La pericarditis es una inflamación de la membrana que rodea al corazón, llamada pericardio.

Con mayor frecuencia es de origen viral y generalmente evoluciona de manera favorable.

El síntoma principal es un tipo particular de dolor torácico, a menudo influenciado por la respiración y la posición del cuerpo.

Durante el examen físico, a veces puede escucharse un sonido característico llamado roce pericárdico, que refleja la pérdida del deslizamiento normal alrededor del corazón.

En algunos casos, puede acumularse líquido alrededor del corazón.

Cuando esta acumulación es importante o se produce rápidamente, puede comprimir el corazón y requerir una atención especial.

El ecocardiograma desempeña un papel importante en el seguimiento, aunque puede ser normal en el momento del diagnóstico.

El tratamiento se basa principalmente en medicamentos antiinflamatorios, a veces asociados con colchicina, además de un período adecuado de reposo.

Se recomienda un seguimiento médico para asegurar la recuperación, vigilar la evolución y prevenir las recurrencias.

En la gran mayoría de los casos, la evolución es favorable y la recuperación es completa.