Episodio 21 – Akira Endō: el descubrimiento de las estatinas
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Hacia mediados del siglo XX ya se sabía que la placa de ateroma era responsable de la obstrucción de las arterias coronarias y que su ruptura podía provocar un infarto.
En aquella época surgieron dos grandes enfoques terapéuticos.
El primero consistía en comprimir la obstrucción para reabrir la arteria, mientras que el segundo buscaba desviar la zona enferma mediante puentes coronarios.
Con el tiempo, sin embargo, se hizo evidente que estos tratamientos no curaban la enfermedad en sí. Principalmente aliviaban los síntomas relacionados con las obstrucciones, mientras que la enfermedad aterosclerótica seguía presente. Por lo tanto, el riesgo de eventos cardiovasculares agudos persistía a pesar de estas intervenciones.
Una gran pregunta permanecía sin respuesta: ¿cómo actuar directamente sobre la causa de la enfermedad, es decir, sobre el desarrollo de las placas ateroscleróticas?
Poco a poco, ciertas observaciones comenzaron a llamar la atención de los investigadores.
En particular, se observó que una alimentación rica en colesterol parecía favorecer el desarrollo de la enfermedad en las arterias.
Un joven investigador fascinado por la naturaleza
Fue en este contexto que apareció Akira Endō.
Nacido en Japón en noviembre de 1933, su interés por la ciencia comenzó desde muy joven gracias a la influencia de su abuelo, quien le transmitió su fascinación por la naturaleza.
Una experiencia lo marcó profundamente.
Ambos observaron un hongo capaz de matar moscas mientras permanecía inofensivo para los humanos.
Este descubrimiento influiría profundamente en su futuro científico y orientaría su carrera hacia la bioquímica.
En Japón, Akira Endō se convirtió en bioquímico en la compañía química Sankyo, en Tokio.
Sus primeros trabajos le permitieron posteriormente realizar investigaciones durante dos años en el Albert Einstein Medical College de Nueva York.
En busca de una forma de bloquear el colesterol
Las investigaciones de Endō se centraron principalmente en el metabolismo de los lípidos, es decir, las grasas.
En aquella época, una verdadera revolución ocurría en la cirugía cardíaca.
Los cirujanos comenzaron a utilizar la arteria mamaria interna izquierda — una arteria situada debajo del tórax — para realizar puentes coronarios, en lugar de usar venas tomadas de la pierna.
Esta innovación despertó su interés por la aterosclerosis.
Quería encontrar una manera de bloquear la producción de colesterol.
Los investigadores ya sabían que parte del colesterol presente en la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. provenía de la alimentación, pero que casi dos tercios eran producidos por el hígado.
Por ello, concentró sus esfuerzos en este órgano.
Entonces volvió a la idea inspirada en el hongo observado durante su infancia.
Su hipótesis era audaz: ciertas sustancias naturales podrían ser capaces de bloquear la producción de colesterol.
El descubrimiento de las estatinas
Los experimentos se multiplicaron.
Miles de sustancias fueron analizadas.
Los fracasos fueron numerosos, pero alimentaron su determinación.
Entonces llegó un descubrimiento fundamental.
Identificó una sustancia perteneciente a la familia de las estatinas, una clase de medicamentos que transformaría el tratamiento de la enfermedad coronaria.
Irónicamente, esta sustancia provenía de un hongo de la familia Penicillium.
La historia presenta un paralelismo fascinante.
La penicilina, descubierta décadas antes, había permitido reducir considerablemente las muertes causadas por infecciones, que en aquel momento representaban la principal causa de mortalidad.
Con el retroceso de las enfermedades infecciosas, la enfermedad coronaria se convirtió progresivamente en la principal causa de muerte en los países industrializados.
Las estatinas transformarían profundamente esta realidad.
Mevastatina: un descubrimiento inicialmente ignorado
En la década de 1970, Endō llamó a su primera molécula “mevastatina”.
Este medicamento lograba reducir el colesterol LDL — conocido frecuentemente como “colesterol malo” — entre un 20 y un 35 %.
La compañía Sankyo obtuvo los derechos de este descubrimiento en 1974, y los primeros resultados científicos fueron publicados en 1976.
Ese mismo año, Endō presentó sus trabajos en un simposio internacional celebrado en Filadelfia dedicado a los medicamentos que afectan el metabolismo de los lípidos.
Sorprendentemente, pocos participantes parecieron interesarse realmente en el descubrimiento.
A pesar de ello, continuó sus investigaciones.
Resultados impresionantes
No muy lejos de los laboratorios Sankyo, el Dr. Akira Yamamoto trataba pacientes con hipercolesterolemia familiar, una enfermedad hereditaria rara que provoca niveles extremadamente elevados de colesterol.
Entonces le pidió a Endō que le proporcionara esta nueva medicación.
Tras ajustar las dosis, los resultados fueron impresionantes.
Posteriormente, Endō convenció a Sankyo de realizar un estudio clínico para documentar la reducción del colesterol, algo que nunca antes había sido demostrado rigurosamente.
Sin embargo, la empresa lo fue apartando progresivamente del proyecto antes de despedirlo definitivamente.
La mevastatina nunca sería comercializada por Sankyo.
La llegada de Merck
La historia pudo haber terminado allí.
Sin embargo, un científico estadounidense llamado Roy Vagelos, recientemente nombrado presidente de la compañía farmacéutica Merck, se interesó profundamente en los trabajos de Endō.
Conociendo bien los mecanismos de producción del colesterol en el hígado, comprendió rápidamente el enorme potencial de este descubrimiento.
Finalmente se alcanzó un acuerdo entre Sankyo y Merck.
Se dice que el documento tenía apenas una sola página.
Merck obtuvo los datos científicos y los derechos sobre futuras investigaciones relacionadas con las estatinas, aunque la mevastatina permaneció como propiedad de Sankyo.
Más adelante, Endō también participó en el desarrollo de un producto relacionado: la lovastatina.
Una revolución en cardiología
Posteriormente, Merck continuó desarrollando varias otras estatinas.
En 1994, casi 18 años después de la primera presentación de Endō en Filadelfia, se publicó un importante estudio escandinavo: el Scandinavian Simvastatin Survival Study, más conocido como estudio 4S.
Este estudio demostró que reducir el colesterol aproximadamente un 35 % en pacientes con enfermedad coronaria permitía disminuir de manera importante los infartos y la mortalidad cardiovascular.
La publicación transformó definitivamente la cardiología moderna.
Las estatinas se convirtieron en uno de los tratamientos más importantes en la prevención cardiovascular.
Un reconocimiento tardío
Como pequeña anécdota, en 1994 Endō consultó a su médico y descubrió que su colesterol estaba elevado.
Su médico le explicó entonces que actualmente existía un excelente tratamiento para ese problema.
Con los años, Akira Endō recibió numerosos reconocimientos científicos.
En 2008 recibió, entre otros, el prestigioso Lasker-DeBakey Clinical Medical Research Award por el conjunto de sus trabajos.
Varios galardonados con este premio recibieron posteriormente el Premio Nobel.
La historia recordará que un investigador fascinado por los hongos ayudó a transformar el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares en todo el mundo.








