Episodio 12 – El nacimiento del cateterismo cardíaco
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El cateterismo cardíaco es un examen médico utilizado para evaluar el funcionamiento del corazón y medir las presiones dentro de sus cavidades y en los pulmones. Generalmente requiere una corta hospitalización.
Su utilidad es especialmente importante en la evaluación de las enfermedades de las válvulas cardíacas y sus repercusiones sobre el corazón.
También permite detectar ciertas malformaciones congénitas, como una comunicación interventricular, y sigue siendo hoy en día un examen esencial antes de una cirugía cardíaca, en complemento con el ecocardiograma.
Los inicios de la cirugía cardíaca
En los primeros tiempos de la cirugía cardíaca, las complicaciones más graves solían deberse a un diagnóstico preoperatorio incorrecto.
Los médicos de la época dependían únicamente del examen clínico, de la auscultación con el estetoscopio, del electrocardiograma —todavía rudimentario— y de la radiografía de tórax. Estas herramientas proporcionaban indicios, pero no permitían conocer con precisión la estructura interna del corazón ni la circulación de la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado..
Cuando el error diagnóstico costaba la vida
Una vez iniciada la cirugía, no era raro descubrir una malformación mucho más compleja de lo previsto. Estos errores de interpretación a menudo tenían consecuencias trágicas.
Los cirujanos se veían con frecuencia en la dolorosa situación de tener que explicar a las familias que un paciente, a menudo un niño, no había sobrevivido a la operación por un diagnóstico inexacto antes de la intervención.
La necesidad de ver el interior del corazón
Este contexto dramático hizo evidente una necesidad urgente: observar el corazón desde su interior y medir lo que hasta entonces solo podía estimarse. Los cirujanos y radiólogos buscaban un método para explorar las cavidades cardíacas sin abrir el tórax, seguir el recorrido de la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. y medir las presiones intracardíacas reales.
Una historia inverosímil
La necesidad se volvió cada vez más apremiante. Los cirujanos cardíacos requerían imágenes precisas de las cavidades del corazón, de sus válvulas y del trayecto de la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. antes de las operaciones. Esta exigencia llevó a la radiología a explorar una nueva vía: el cateterismo cardíaco.
El origen de esta técnica sigue siendo una de las historias más sorprendentes de toda la cardiología, si no de toda la medicina moderna.
Un joven médico impulsado por una idea
La historia comienza en Alemania a finales de la década de 1920. En 1929, un joven médico residente de 24 años llamado Werner Forssmann estaba convencido de que un medicamento administrado directamente en el corazón actuaría más rápido y con mayor eficacia que si se inyectaba en una vena periférica.
Imaginó que un tubo delgado podía introducirse en una vena del brazo y avanzar hasta la aurícula derecha del corazón.
Una idea considerada peligrosa
Su superior, el Dr. Peter Schneider, se opuso firmemente al experimento, considerándolo demasiado arriesgado. Forssmann incluso propuso realizar el procedimiento en sí mismo, pero su jefe lo rechazó categóricamente.
Una enfermera cómplice
A pesar de la negativa, Forssmann logró convencer a una enfermera, Gerda Ditzen, para que lo ayudara. Ella le proporcionó los elementos necesarios: un anestésico local, un bisturí y un catéter urinario estéril.
En una habitación vacía del hospital, Forssmann ató simbólicamente a la enfermera a una cama para asegurarse de que no interfiriera, y luego introdujo el catéter en una vena de su brazo izquierdo.
Un experimento exitoso
El catéter avanzó aproximadamente 65 centímetros hasta alcanzar la aurícula derecha sin provocar arritmias ni complicaciones. Forssmann acudió entonces al servicio de radiología, donde una radiografía confirmó la posición del catéter en su propio corazón.
De esta manera, se convirtió en la primera persona en la historia en realizar un cateterismo cardíaco humano.
Una acogida fría
A pesar del éxito técnico, la reacción de sus superiores fue reservada. El artículo que publicó ese mismo año, 1929, en una revista médica alemana pasó casi desapercibido. Varios colegas consideraron que el procedimiento era inútil y potencialmente peligroso.
Forssmann abandonó luego la cardiología y se dedicó a la urología, dejando de lado su idea pionera.
La idea retomada y perfeccionada
Casi quince años después, durante la Segunda Guerra Mundial, los médicos André Cournand y Dickinson Richards, en Nueva York, retomaron el concepto.
Desarrollaron un método seguro para medir las presiones intracardíacas, el gasto cardíaco y la saturación de oxígeno de la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. en las diferentes cavidades del corazón.
Su enfoque, que combinaba fisiología y radiología, se convirtió rápidamente en una herramienta de investigación fundamental y permitió mejorar la atención de los soldados heridos, especialmente para evaluar los efectos del shock y de los traumatismos torácicos.
El nacimiento del cateterismo cardíaco moderno
De estos trabajos surgió la primera utilización sistemática del cateterismo cardíaco como examen diagnóstico.
Después de la guerra, la técnica fue adoptada por numerosos centros hospitalarios y se convirtió en un examen de referencia antes de cualquier cirugía cardíaca. Aparecieron entonces las primeras salas de cateterismo, hoy conocidas como laboratorios de hemodinámica.
Un reconocimiento internacional
En 1956, Werner Forssmann, André Cournand y Dickinson Richards recibieron conjuntamente el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus trabajos, que transformaron profundamente la comprensión del corazón humano.
Forssmann, criticado en su momento por su audacia, fue finalmente reconocido por una contribución calificada de monumental para la ciencia médica.
De las complicaciones a nuevas soluciones
El desarrollo de la cirugía cardíaca puso de manifiesto varias complicaciones graves:
- el bloqueo de conducción cardíaca,
- la fibrilación ventricular,
- y los errores diagnósticos preoperatorios.
Estos desafíos estimularon importantes avances, entre ellos:
- la invención del marcapasos,
- el desarrollo de los desfibriladores,
- y la expansión de los laboratorios de cateterismo cardíaco.
Una revolución aún inacabada
El cateterismo permitió comprender mejor las malformaciones cardíacas y las consecuencias de las intervenciones quirúrgicas sobre la función del corazón.
Sin embargo, en esa época todavía no era posible visualizar la enfermedad responsable del mayor número de muertes cardíacas: la enfermedad de las arterias coronarias.
Esa limitación conduciría, algunas décadas más tarde, al desarrollo de la coronariografía, un paso decisivo en la lucha contra las enfermedades del corazón.





















