Necrosis de la grasa epicárdica
- Bienvenido
- »
- Enfermedades valvulares y cardiovasculares
- »
- Necrosis de la grasa epicárdica
La necrosis de la grasa epicárdica es una afección benigna y poco frecuente que se manifiesta por dolor torácico. A pesar de una presentación que a veces puede resultar impresionante, su evolución suele ser favorable.
En este contexto, el término « necrosis » se refiere a una afectación localizada de un volumen muy pequeño de tejido graso, sin repercusión sobre el funcionamiento del corazón en sí mismo.
Descrita por primera vez en 1957, esta condición sigue siendo hoy en día a menudo poco reconocida y no identificada de forma inmediata, ya que sus síntomas pueden parecerse a los de otras enfermedades más graves.
El diagnóstico requiere estudios de imagen, ya sea una tomografía computarizada (TC) de tórax o una resonancia magnética cardíaca (RM). Estos exámenes se realizan principalmente para asegurarse de que no exista otra enfermedad subyacente más grave que explique el dolor torácico.
El corazón
Para comprender mejor esta condición, es útil hacer un breve repaso de la anatomía.
El corazón es una bomba muscular situada dentro de una envoltura protectora llamada pericardioEl pericardio es una bolsa que rodea el corazón y contiene un líquido lubricante que le permite deslizarse en cada latido sin fricción.. Sobre esta envoltura, principalmente en su porción anterior y hacia su extremo inferior, se encuentra una pequeña acumulación de tejido graso conocida como grasa epicárdica. Esta grasa conecta el pericardioEl pericardio es una bolsa que rodea el corazón y contiene un líquido lubricante que le permite deslizarse en cada latido sin fricción. con la pared torácica anterior.
Esta zona grasa suele ser más abundante en las personas que viven con obesidad, lo que podría explicar en parte por qué esta condición se observa con mayor frecuencia en esta población.
La causa
En la actualidad, la causa exacta de esta necrosis sigue siendo desconocida. Afecta tanto a mujeres como a hombres.
La obesidad se considera un posible factor de riesgo, pero hasta el momento no se ha podido demostrar una relación directa clara.
Entre las hipótesis planteadas se encuentran la torsión del pedículo vascular que irriga este tejido graso o una hemorragia espontánea dentro de la grasa misma. Sin embargo, estos mecanismos son difíciles de confirmar debido a la rareza de la enfermedad.
Se estima que la necrosis de una pequeña porción de este tejido graso podría representar aproximadamente el 2,5 % de los casos de dolor torácico en personas que consultan en el servicio de urgencias.
Es importante destacar que esta condición no está relacionada con una obstrucción de las arterias coronarias.
Presentación clínica
La condición se manifiesta por dolor torácico que en ocasiones puede ser intenso y comparable al que se experimenta durante un infarto. Este dolor generalmente no se modifica con las respiraciones profundas.
Puede asociarse dificultad respiratoria, así como náuseas y vómitos.
El dolor puede ser intermitente y, en algunos casos, persistir durante varias semanas o incluso meses antes de desaparecer por completo.
Dificultades diagnósticas
Los síntomas pueden confundirse fácilmente con los de otras enfermedades potencialmente graves, entre ellas:
- infarto de miocardio;
- embolia pulmonar;
- disección aórtica.
Esta similitud explica por qué suele ser necesaria una evaluación diagnóstica completa, incluso cuando la evolución resulta finalmente benigna.
Estudios utilizados para establecer el diagnóstico
Estudios utilizados para establecer el diagnóstico
Ante un dolor torácico, se requieren varios estudios complementarios con el fin de descartar causas más graves y, eventualmente, identificar la necrosis de la grasa epicárdica. Cada una de estas pruebas aporta información diferente y contribuye a orientar el diagnóstico.
1- Análisis de sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado.
Los análisis de sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. suelen demostrar la ausencia de daño del músculo cardíaco. Las troponinasLas troponinas son proteínas que normalmente se encuentran dentro del músculo del corazón. Cuando el corazón sufre un daño, como en el caso de un infarto, estas proteínas se liberan en la sangre. Un nivel alto de >>, pequeñas proteínasLas proteínas son elementos fundamentales fabricados por las células de nuestro cuerpo. Juegan un papel esencial en muchas funciones biológicas, actuando como hormonas, anticuerpos e incluso transportadores de colesterol, entre otros. >> liberadas en la sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. cuando existe una lesión del músculo cardíaco, permanecen dentro de valores normales.
Sin embargo, puede observarse una leve elevación de algunos marcadores inflamatorios, lo que traduce un proceso inflamatorio localizado.
2- Electrocardiograma
El electrocardiograma es, en la mayoría de los casos, normal. No se observan signos compatibles con un infarto de miocardio, ya sea un STEMI o un NSTEMI.
3- Radiografía de tórax
La radiografía de tórax suele ser normal. En algunos casos, puede observarse una pequeña cantidad de líquido en la envoltura del pulmón izquierdo, sin consecuencias clínicas importantes.
4- Tomografía computarizada (TC)
En una persona que consulta por dolor torácico acompañado de marcadores inflamatorios, el profesional de la salud debe descartar con frecuencia la posibilidad de una embolia pulmonar, en particular cuando los valores de dímero D están elevados.
La tomografía computarizada de tórax permite excluir esta posibilidad y, al mismo tiempo, establecer el diagnóstico de necrosis de la grasa epicárdica.
Se describe clásicamente una tríada clínico-radiológica asociada a esta condición:
- dolor torácico;
- lesión encapsulada dentro de la grasa (indicada en la imagen aquí) ;
- engrosamiento localizado del pericardioEl pericardio es una bolsa que rodea el corazón y contiene un líquido lubricante que le permite deslizarse en cada latido sin fricción..
Tratamiento
No existe un tratamiento específico dirigido directamente a esta afección.
El manejo se basa principalmente en el alivio del dolor. Según su intensidad, puede prescribirse un medicamento antiinflamatorio, generalmente por un período de 10 a 14 días.
Evolución
La evolución es benigna y la curación completa es la norma. Las recurrencias son poco frecuentes.
En algunos casos, puede sugerirse un control mediante estudios de imagen entre dos y tres meses después del diagnóstico, con el fin de confirmar la resolución completa de las anomalías observadas inicialmente.
Cuándo volver a consultar a un profesional de la salud
Se recomienda una nueva evaluación si el dolor persiste, se intensifica o si aparecen nuevos síntomas. La presencia de dudas diagnósticas iniciales también justifica un seguimiento médico.
Conclusión
La necrosis de la grasa epicárdica es una afección benigna, poco frecuente y a menudo poco reconocida, en gran parte debido a que su diagnóstico requiere estudios de imagen que no se realizan de forma sistemática.
Según la intensidad de los síntomas, el tratamiento se basa en el uso temporal de medicamentos antiinflamatorios, con una evolución generalmente favorable y sin secuelas.
A pesar de un dolor torácico que puede resultar impresionante, la causa es benigna, el tratamiento es simple y el pronóstico es excelente.






















