Insuficiencia cardíaca y cuidados paliativos – Componente de cuidados de apoyo

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El título puede parecer impactante, incluso un poco inquietante. Sin embargo, no hay que confundirse. Como ocurre con cualquier enfermedad crónica severa, la insuficiencia cardíaca incluye dos tipos de tratamiento.

El primero es bien conocido: se trata de los cuidados llamados «activos», centrados en el control de la enfermedad, la estabilización de su evolución y la mejora de la calidad de vida. El segundo, a menudo menos comprendido, agrupa los cuidados paliativos, orientados hacia el confort y el bienestar del paciente.

 

Cinco aspectos esenciales

Este tema aborda cinco dimensiones importantes para comprender mejor el acompañamiento de las personas que viven con insuficiencia cardíaca avanzada:

Cuidados paliativos o de apoyo

Los cuidados de apoyo deberían considerarse desde el momento del diagnóstico de una insuficiencia cardíaca grave, y no solo al final de la vida, ya que la enfermedad es progresiva.

Se ha demostrado que un seguimiento paliativo temprano mejora la calidad de vida, reduce la frecuencia de las hospitalizaciones e incluso puede prolongar la esperanza de vida.

Este tipo de tratamiento incluye varios aspectos, todos orientados al confort y bienestar de la persona.

Una terapia de acompañamiento

Contrario a lo que muchos creen, los cuidados paliativos no significan únicamente confort en la etapa final de la vida ni la suspensión de los tratamientos activos.

Más bien, se suman a los tratamientos habituales desde el inicio de la atención, para que el bienestar del paciente forme parte integral de los cuidados cotidianos.

Primer contacto con el equipo de cuidados de apoyo

La primera reunión con el equipo de cuidados paliativos permite al paciente y a sus familiares conocer a los profesionales de la salud e identificar a una persona de contacto, cuyos datos se entregan.

Este paso brinda al paciente una valiosa sensación de seguridad y la certeza de que no se quedará solo frente a su enfermedad.

Además, permite al equipo evaluar el estado del paciente, sus limitaciones y comprender mejor su entorno familiar y social.

Pacientes gravemente afectados

En una etapa avanzada, la insuficiencia cardíaca deja a los pacientes muy vulnerables. El corazón ya no es capaz de satisfacer las necesidades de órganos vitales como los riñones, el hígado o el cerebro.

Estas personas suelen estar agotadas, deprimidas y desmoralizadas, con dificultad para respirar incluso ante pequeños esfuerzos o incluso en reposo.

Necesitan más compasión, escucha y apoyo emocional que una simple receta de antidepresivos, cuyos efectos tardarían demasiado en manifestarse.

Pequeñas medidas que alivian

Algunas acciones sencillas pueden mejorar el confort. Por ejemplo, un ventilador dirigido al rostro ayuda a disminuir la sensación de falta de aire.

Una toalla húmeda o un humidificador en la habitación también pueden aportar una sensación de alivio.

Aliviar el dolor

No se debe pasar por alto el dolor físico. Las personas con insuficiencia cardíaca a menudo padecen otras enfermedades que pueden causar dolor.

Estos dolores pueden y deben ser tratados para desaparecer o disminuir considerablemente. Incluso un sufrimiento leve es innecesario y debe señalarse y tratarse.

Cuando los cuidados de apoyo se intensifican

A medida que la enfermedad progresa y el estado del paciente se deteriora sin posibilidad de recuperación, los cuidados paliativos cobran mayor importancia.

Esto suele reflejarse en hospitalizaciones más frecuentes y prolongadas, pérdida de autonomía o la clara imposibilidad de recuperar un estado funcional normal.

A veces conviene reducir la medicación

En esta etapa, puede ser útil revisar el tratamiento y reducir la cantidad de medicamentos, especialmente aquellos cuyos efectos secundarios son mayores que los beneficios esperados.

Algunos tratamientos para la insuficiencia cardíaca pueden empeorar la función renal o provocar caídas de presión arterial, causando debilidad y mareos.

Revisar la medicación en esta etapa busca priorizar la calidad de vida, reduciendo la carga farmacológica y minimizando los efectos adversos.