Cirugía cardíaca – Punto de vista del paciente
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El anuncio de una cirugía cardíaca fue un verdadero choque para alguien como yo, que siempre he sido activo, no fumador y en buena salud.
Quiero compartir mi experiencia para ayudar a quienes deben recorrer este mismo camino y aclarar algunas inquietudes y dudas frecuentes.
Mis visitas médicas anuales, incluyendo los análisis de sangreLa sangre se compone de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos transportan el oxígeno y el dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son nuestro sistema de defensa. Las plaquetas evitan el sangrado. recomendados, nunca habían mostrado problemas de colesterol, presión arterial, diabetes, sobrepeso ni nada por el estilo. En resumen, a los 69 años, era una persona muy activa y nunca había tenido problemas de salud.
Un malestar
Y de repente, ¡pum! Un malestar torácico me golpea mientras viajaba en Asia. Tras un reposo de treinta minutos, todo volvió a la normalidad y la vida continuó.
La desestabilización
Poco después de mi regreso a Canadá, acudo a mi examen anual ya programado. Aprovecho para contarle a mi médico el episodio vivido en el extranjero.
Me refiere de inmediato a un cardiólogo. Hasta ese momento, todos mis chequeos rutinarios —colesterol, presión, glucemia, peso— eran impecables y nunca habían generado preocupación. Sin embargo, esta vez, las pruebas más profundas revelan una realidad muy distinta.
El veredicto llega, seco e inesperado: ¡una cirugía de bypass es inevitable!
¡Uf! Qué noticia tan pesada… Era necesario asimilar esa información incomprensible que transformaba mi vida tal como la conocía y que, a partir de ese momento, nunca volvería a ser igual.
El cuestionamiento
Mi primera reacción fue preguntarme: ¿Qué hice para llegar a esto?
Comprendería más tarde que no hay una respuesta simple. Sin embargo, aprendí que de ahora en adelante contaría con más información y herramientas para poner todas las probabilidades a mi favor y evitar volver a estar en esta situación.
La aceptación
Me tomó tiempo aceptar esta nueva realidad e imaginar el impacto: en mi cuerpo, en mi vida diaria, pero también en mi esposa, mis hijos, mis hermanos, mis amigos… en todos aquellos que amo y que son importantes para mí.
Como persona pragmática, mi esposa y yo decidimos anunciar primero la noticia a nuestros hijos —que viven al otro lado del país— y luego a la familia extendida. Elegimos cuidadosamente las palabras, pues no queríamos sembrar pánico. Primero teníamos que enfrentar esta realidad nosotros mismos y evitar generar un estrés innecesario alrededor.
Así que avanzamos paso a paso, compartiendo información únicamente cuando era lo suficientemente importante como para merecer ser comunicada.
En busca de información
Desde el anuncio, mi esposa y yo nos sumergimos en una búsqueda de información. Investigamos en Internet sobre la enfermedad, las intervenciones posibles —ya sea la colocación de stent o la cirugía de bypass— y leímos en abundancia. También consultamos amigos del ámbito médico.
Al mismo tiempo, empezamos a reevaluar nuestras prioridades cotidianas y nuestros proyectos de viaje, pues todo parecía tener que replantearse a la luz de este diagnóstico.
Todos son médicos
Durante este período ocurrió un fenómeno curioso: todas las personas con quienes hablábamos parecían convertirse en especialistas en el tema. Cada uno tenía una opinión, generalmente basada en la experiencia de un conocido. La naturaleza humana es así: la gente quiere tranquilizar, minimizar la gravedad… pero sin conocer realmente mi caso.
Pronto comprendí que debía escuchar con cortesía, pero sin dar demasiado peso a esos comentarios. Al final, solo cuentan los datos objetivos de los exámenes, que son los que permiten a los especialistas tomar decisiones.
Adaptarse
Cada aspecto de nuestra vida se vio influenciado por esta nueva realidad: reuniones familiares, viajes, planificación de proyectos… Cada actividad requería preguntas y ajustes. Fue un verdadero ejercicio de adaptación, día tras día.
Y luego estaba la espera. ¡La espera para la cirugía nos pareció interminable!
Yo quería resolver el problema de inmediato, reducir el riesgo de un evento cardíaco potencialmente fatal y volver cuanto antes a una vida normal.
Una nueva rutina
Durante esa espera, otro cambio se impuso: la medicación.
Tuve que acostumbrarme a tomar varios medicamentos a diario y lidiar con sus efectos secundarios. Yo, que dudaba en tomar incluso una simple pastilla para el dolor de cabeza, ahora tenía que ingerir varias a diferentes horas del día, sin excepción.
Esto representó un doble desafío: psicológico, porque debía aceptar esta nueva dependencia, y físico, porque mi cuerpo debía adaptarse a los tratamientos.
La cirugía
Finalmente, soy admitido en el hospital para una cirugía de ¡cinco bypass! ¡Uf!
¿De verdad necesito cinco? Me parece enorme… Pero al final, ¿qué importa si son uno, dos o cinco? Yo iba a dormir y confiaba en el equipo para hacer lo necesario.
Me explican los riesgos, firmo los documentos de consentimiento. Tengo miedo de no sobrevivir a la operación o de quedar disminuido, pero sé que esta cirugía es indispensable si quiero seguir viviendo. Es así de simple.
Agradezco a la Providencia tener una buena condición física para soportar tal intervención y, sobre todo, vivir en un país que me brinda esta oportunidad de curación. Me considero privilegiado a pesar de todo.
Ha terminado… pero todo comienza
Tras varias horas de cirugía, me trasladan a cuidados intensivos.
Recobro conciencia del entorno unas 24 horas después de entrar en quirófano. Soy inmensamente feliz de estar vivo y apenas puedo creer que la operación ya había tenido lugar. Esas 24 horas serán siempre un agujero negro en mi memoria, pero sé que, entretanto, el cirujano hizo un trabajo extraordinario y me salvó la vida. Le estaré agradecido para siempre.
Los cuidados son excelentes. Cada día me animan a caminar un poco más que el anterior. No tengo apetito, pero debo obligarme a comer.
Cuidan mis heridas: en el pecho, en el brazo y en la pierna izquierda, de donde extrajeron arterias y venas para construir los bypass.
¡Apenas cinco días después ya estoy en casa! Rápido, ¿verdad?
El regreso a casa
Una vez en casa, comprendo qué tan rápido uno se vuelve vulnerable y limitado. Imposible subir escaleras, ducharme solo. Incluso levantarme de la cama requería aprender una técnica especial: abrazar una almohada contra el pecho para aliviar el dolor y proteger la incisión en el esternón.
Durante unas dos semanas, personal médico acudió a domicilio para cambiar mis vendajes.
También seguí los ejercicios prescritos para favorecer la circulación sanguínea, mantener los pulmones activos y estimular mis músculos.
Dependía totalmente de mis seres queridos, lo que supuso un gran ajuste.
El turno de lo psicológico
Cada día tomaba más conciencia de la magnitud de lo vivido en los últimos meses. Mi cuerpo estaba reparado, sanaba y recuperaba fuerzas. Pero, poco a poco, las emociones tomaban protagonismo. Me daba cuenta de lo enfermo que estaba sin saberlo, y de todo lo que me pudo haber ocurrido.
Soy ahora profundamente consciente de la fragilidad de la vida. Ese sentimiento, a veces intenso y a veces más discreto, me acompañará durante meses y transformará mi visión de cada día que tenga la suerte de vivir.
El agradecimiento
Tuve el privilegio de ser atendido por un equipo médico excepcional y rodeado de una familia amorosa y solidaria. Todos me acompañaron en cada etapa de esta prueba, y les estaré agradecido por el resto de mis días.
Mi filosofía de vida, basada en el realismo y el optimismo, me permitió abordar el aspecto psicológico de esta dura experiencia con un poco menos de dramatismo. Pero sé que, para muchos, este proceso interior es tan difícil y exigente como la recuperación física.
la vida normal
Con el programa de ejercicios recomendado por el hospital, voy recuperando fuerzas, paso a paso. Mi apetito regresa, mis proyectos resurgen y vuelvo a planificar mi vida como antes.
He vuelto a ser el hombre que era… pero diría que en una versión mejorada. Mi cuerpo está bien y mi espíritu, más sereno.
Conclusión
Estoy convencido de haber tenido la suerte de ser diagnosticado a tiempo, operado en el momento adecuado y de haber estado en forma suficiente para atravesar esta cirugía salvadora. Hoy he decidido adoptar un estilo de vida adaptado, con un programa de ejercicios regulares, un poco más intensos que antes. Mi intención es clara: aprovechar al máximo esta segunda oportunidad que me fue concedida.
No me atrevería a decirle a nadie: “Usted también saldrá adelante”, porque cada persona vive esta experiencia a su propio ritmo y a su manera, aunque las etapas se parezcan. Solo espero haber alcanzado a algunos de ustedes en sus inquietudes y vulnerabilidad.
Las estadísticas son ampliamente favorables, pero la experiencia sigue siendo única, íntima e imposible de reducir a cifras.
Mi conclusión se resume en tres palabras: confianza, resiliencia y valores humanos.








